El simbolismo del ocho (parte II)

Pero hay algo todavía más complejo porque no depende de la mano del hombre ni de los antiguos, pues cuando hicieron su trabajo no lo podían saber.

Cuando una célula se fertiliza y se convierte en embrión, se ha observado que en las primeras fases es imposible distinguir a un elefante de un mosquito por la forma. Se muestra un mismo tipo de figura hasta un momento, a partir de entonces pueden diferenciarse las características particulares del animal. El proceso hasta este punto es el mismo para todas las especies.

Resulta que la célula empieza dividiéndose (mitosis) en dos, cuatro,… Y además las células se distribuyen formando una especie de tetraedro: 8, 16, 32, 64,… apareciendo una  forma nueva que ya no es una simple división, a la que llamamos “mórula”. La morula lo que hace es desarrollar un canal que con el tiempo se convertirá en el aparato digestivo boca/ano. Hasta llegar a la mórula, todas las células de cualquier tipo de especie desarrollan lo mismo; es en la mórula donde empiezan a crearse las primeras particularidades y las primeras diferenciaciones de la cosa. La mórula ocurre exactamente en la división de 64, ni antes ni después.

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Recapitulando, el concepto de 64 lo encontramos en el I Ching (que nació en china mucho antes que Cristo), en la Oca (se cree que también nació en China), en el Ajedrez (que viene de los árabes pero podría ser que viniera de la India)… Toda esta gente no podía saber lo que era una mórula, no podían saber lo de la división celular.

Los 64 hexagramas del I Chin podrían ser códigos de medida espacial. Cuando se define un punto, nosotros estamos en él, todo existe en relación a nosotros. El mundo es lo que nosotros vemos y nosotros somos el centro del mundo. La teoría del espacio curvo dice que si algo sale disparado hacia adelante en línea recta durante mucho tiempo acabará apareciendo detrás, como si el espacio fuese a parar al mismo punto de salida. Somos el punto más cercano y más alejado al mismo tiempo.

Tenemos 8 puntos: además de ir podemos volver, definimos tres flechas más vueltas, más la posible dirección de un punto a otro. Luego es una coordenada cartográfica, una dirección. Para establecer todas las posibles direcciones dentro de un mapa tridimensional necesitamos 64 hexagramas. La pregunta es: ¿los antiguos chinos sabían tanto?

Son ejes de coordenadas más sencillos que XYZ. Los hexagramas del I Ching son números binarios en orden lógico. Un informe habla con cierta credibilidad, que todo lo que se viene publicado en referencia al I Ching está distorsionado, si razonamos un poco vemos que los antiguos chinos colocaban hexagramas en el orden binario correcto(¿?). En los textos chinos más antiguos se sigue el orden de los hexagramas con el más riguroso orden. Lo que se ha publicado hasta ahora en el mundo profano de la adivinación, hay que decir que nada tiene que ver con la sabiduría ancestral de los mismos.

Ellos seguían el orden binario; se ha de entender el binario, ya que al azar no sale. Los chinos sabían el código binario y sobre él trabajaban el I Ching (64). Pero no solamente encontraron esta relación de 64 del I Ching, sino que en 1973 el científico Martin Schönberger demostró que los 64 hexagramas del I Ching se corresponden con los codones del ADN, en concreto del ARN.

Pero sigamos nuestro camino y dejemos el estudio de I Ching, para abordar un nuevo espacio.

Las 64 casillas del ajedrez se dividen en 32 blancas y 32 negras. El Árbol de la Vida hebreo tiene 22 senderos y 10 esferas considerados todos ellos como senderos, por tanto tiene 32 senderos, pero todas las esferas y senderos son de subida y de bajada es decir corriente descendente y ascendente por tanto hay 32 senderos Yan de subida y 32 senderos Yin de bajada. 32 blancos y 32 negros del ajedrez = 64. ¿Será casualidad?

Quizás es que ha existido una sabiduría oculta, eterna, mantenida por algunos sabios, algunos iniciados, y esta sabiduría se ha ido transmitiendo y adaptando a distintas culturas, pero en el fondo, bajo distintos aspectos, todos decían lo mismo.

Cuando empezamos a darnos cuenta de esto, nos encontramos que a través del lenguaje del símbolo hay una corriente de sabiduría que está oculta esperando y de verdad que vale la pena dedicar una parte de nuestro tiempo para intentar descubrirla y más tarde investigarla. Hay muchos mensajes que se dejaron escritos para la posteridad… ¿será quizás la nueva era el momento? ¿Se verá?

No te pierda la próxima entrega del simbolismo del ocho, que será también la última. Espero que te resulte interesante esta lectura, gracias por dedicar un rato a leer mi trabajo.

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