Economía sexual y castidad (Parte II)

Continuamos en esta ocasión y dentro del tema de la magia y el sexo, con la economía sexual y la castidadRecorrer el mundo de la magia y la videncia supone, en definitiva, pasar a través de todo un catálogo de prohibiciones y recomendaciones. Los distintos sistemas sapienciales suelen exigir del adepto determinados periodos de castidad, es decir, de ahorro de la energía sexual, cada vez que se pretende conseguir ciertos efectos.

No se trata de imposiciones dictadas por unos principios moralistas, sino, más bien, de exigencias prácticas. Se trata más bien de ahorrar una energía, que habitualmente se desparrama en la sexualidad ordinaria, para reconducirla y canalizarla hacia otros fines.

magia5Como se sabe por ejemplo, de lo que se llama KUNDALINI tiene similitudes con estados alcanzados de clímax de orgasmo profundo. En ambos casos existe la sensación de una fuerza basal que naciendo de los riñones se eleva por la columna vertebral. Asimismo, el momento del orgasmo se penetra en otro estado de conciencia en la cual se deja de percibir el mundo como dualidad y se producen sensaciones de ruptura de conciencia. Realizada la unión sexual bajo ciertas prescripciones estos efectos pueden intensificarse. Al mismo tiempo, el coito reiterativo, especialmente entre mismos partners, tiende a atenuar estas sensaciones y, especialmente en el caso del varón a localizarlas en los órganos sexuales.

Todo ello abunda en cuatro ideas-fuerza de la metafísica del sexo, a saber:

1) El Eros es una fuerza.

2) El Eros es la mayor fuerza de la naturaleza.

3) Esta fuerza puede ser canalizada y conducida mediante prescripciones y trucos.

4) La fuerza contenida en el Eros está relacionada con la energía dispensada en magia y videncia.

Celibato y Cristianismo

Haremos un alto en el camino y hablaremos del papel del celibato en el cristianismo. Como es sabido, el cristianismo, desde San Pablo, condena toda sexualidad que no sea en vistas a la procreación. Pero qué duda cabe que la sexualidad sirve para algo más que para generar descendencia. Por lo pronto sirve para gozar. Pero además, sirve como vehículo para experiencias de trascendencia.

A partir de aquí la posición de la Iglesia Romana es una parte comprensible: en efecto, el sacerdote y religioso que ha optado por la vida contemplativa, debe renunciar a la sexualidad, no por sentido moralista, ni para huir del pecado, sino para economizar energía y transmutarla del plano del Eros al de la trascendencia.

Todas las escuelas ascéticas de todos los tiempos han sabido que no se trata tanto de “vencer la tentación”, San Antón tentado en el desierto, quemado interiormente por una concupiscencia que le acosaba, como de abandonar todo interés por la sexualidad profana, en tanto que el beneficio que se puede alcanzar no tiene comparación con el estricto gozo de los sentidos. La noción de pecado no tiene sentido aquí…

El cristianismo ha impuesto prohibiciones sexuales. Ciertamente, tiene razón en intentar poner coto a un pansexualismo extremo, y aconsejar limitaciones a la sexualidad, en tanto que el pansexualismo tiende a relajar el impulso sexual y capacidad de gozo, pero el error consiste en afirmar que el sexo solo sirve para la procreación y que la castidad es preferible al gozo.

Dicho error deriva de la generalización de las exigencias requeridas para el que ha optado por sacerdocio y el ascetismo, a cualquier otro que, temporalmente, se sienta poco abocado a seguir esta vía. Si bien todas las tradiciones coinciden en prescribir el celibato para quienes siguen la vía ascética, otros caracteres, más tentados por seguir otras vías. La vía del trabajo… difícilmente podrá tolerar la castidad.

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