Reencarnación en los Pueblos de Tradición (I)

De los cientos de religiones que se profesan en el mundo, tan solo unas cuantas tienen en común la doctrina de la reencarnación, la idea de que el alma de una persona muerta se reencarna en otro cuerpo humano para iniciar una nueva vida como persona distinta. Y son muy escasas las que creen en la resurrección del cuerpo original; es el caso del catolicismo. Este es un punto interesante porque si los principios de la religión fueran el mero producto de las esperanzas y los sueños del hombre por ser eterno, entonces todas las religiones creerían, de un modo u otro, en la reencarnación física, salvo en las culturas que ven la vida como una vida tan ardua y difícil que prefieren creer en que, una vez muertos ya no serían obligados a vivir otra vez en la Tierra.

Pocas religiones sostienen que el alma se reencarna permanentemente en la materia, para los Indios de los Andes, por ejemplo, la materia es eterna porque continuamente se transforma. El ser humano debe su origen a la tierra y a la tierra vuelve tras su muerte. La Tierra es, por tanto, el Nirvana de los Indios; según sus creencias, se reencarnarán en una montaña, una colina o un lago si su vida ha sido buena. En caso contrario, será por siempre un espíritu errante a quien la reencarnación en la materia estará vetada. Ahí reside la explicación del respeto que los indios sienten por la naturaleza, que es el recipiente de almas humanas reencarnadas.

El hecho de que existan puntos comunes que vinculan entre sí a todas las culturas de tradición, podríamos creer que hay verdades por descubrir en ellas; ¿Por qué si no los pueblos del mundo creen en las mismas cosas?

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Examinemos cuáles son las creencias comunes en lo referente a la vida después de la muerte:

  • Además del cuerpo físico, el ser humano posee un alma que es invisible y sobrevive a la muerte del cuerpo.
  • Tras la muerte del cuerpo, el alma pasa dificultades para dejar a los vivos y por tanto, se queda cerca del cuerpo durante un periodo de tiempo. Si esto fuera cierto, la cremación del cadáver podría plantear un grave problema en lo concerniente a la supervivencia del alma, porque quemar el cuerpo implica también la destrucción del alma. Con el fuego se destruía a las brujas y a cualquier persona que fuera indeseable para la sociedad; eran quemadas vivas para garantizar que las almas eran destruidas y no podían sobrevivir y hechizar a los vivos.
  • Los vivos pueden invocar y comunicarse con una persona muerta.
  • El alma de una persona muerta puede manifestarse y entablar comunicación con los vivos poseyendo a alguien que se ha preparado para recibirla, o que goza de una natural predisposición para la posesión. Pero ello entraña ciertos peligros; por este motivo, los pueblos de tradición dejan esta labor en manos de jefes espirituales o bajo su supervisión, ya que son ellos quienes con su conocimiento pueden evitar que los creyentes sean poseídos por almas malévolas, espíritus malignos u otras entidades maléficas.
  • Existe un mundo invisible donde todas las almas se congregan. Podría tratarse del mundo primordial de la eternidad—el primitivo Jardín del Edén—donde viven los Divinos, o bien la Inteligencia Cósmica, que el alma alcanza y nutre con su auto transformación.
  • El alma de una persona fallecida necesita de rituales funerarios. Con ellos queda protegida de las energías malignas, consigue ayudar para liberarse del cuerpo y de las pasiones humanas, obtiene el impulso y la protección precisos para emprender el largo y penoso viaje hacia el más allá y recibe ayuda para conseguir la aceptación de sus antepasados o de lo divino, sea lo que sea.
  • Las almas de los muertos pueden ayudar a los vivos en la consecución de bienes materiales y espirituales.
  • Es posible que las almas de la persona difuntas que no recibieron los rituales pertinentes, o las de aquellas que sufrieron una muerte trágica, como el suicidio, continúen una existencia invisible entre los vivos, y cause molestias de un modo u otro.
  • Los rituales, tanto como los recuerdos de las personas vivas, contribuyen a que el alma de los muertos conserve vida.
  • Si la función esencial del culto a los muertos—rituales funerarios, responde a la necesidad de que las almas tienen que ser acompañadas y cuidadas por los vivos—no es más que la de producir un amor y una rememoración continua de los fallecidos, acciones que generan energías necesarias para que el alma siga viva. De hecho ya que el amor es el acto más grande y poderoso de la creación y de la Magia, la energía del amor junto con el poder del recuerdo podrían en verdad ser capaces de salvaguardad la eternidad, la inmortalidad de un alma. A caso solo se muere de verdad cuando no hay nadie que piense en la persona muerta; mientras esa persona siga viva en el corazón y en el recuerdo de los vivos, su alma se mantendrá viva en la eternidad.

 

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