Reencarnación en los Pueblos de Tradición (II)

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Tanto los Maoríes, de Nueva Zelanda, como los ifugaos de Filipinas, los dayak de Borneo y muchas otras tribus son capaces de recitar el nombre de sus antepasados remontándose al menos en vente generaciones. Para ellos la inmortalidad es ser recordado por los vivos. En consecuencia, si la vida de una persona deja que desear, tal vez corra el riesgo de morir sin que los vivos lloren y le proporcionen las energías precisas para seguir viva para hacer el viaje hacia la transformación y para asegurarse su inmortalidad. Y si el infierno existe, entonces el verdadero infierno quizás sea verse morir por falta de energías que emanan de los vivos. Y si el paraíso existe, es de amor y de remembranzas

Para los pueblos de tradición, esto también es cierto en el caso de los dioses, ya que hemos sido creados a su imagen y semejanza (y así cerramos el círculo: de lo divino a seres humanos; de seres humanos volvemos a lo divino). Estos pueblos creen que los mismos dioses desaparecen cuando los humanos ya no les honran; cuando las gentes no los necesitan más y se desvanecen en sus recuerdos, y entonces los dioses pierden su inmortalidad.

Una vez dijo un cazador de cabezas de Borneo: «Los dioses nos necesitan tanto como nosotros a ellos. Son nuestra esperanza de una vida mejor, y nosotros somos su inmortalidad. Nos han creado para que los alimentemos con nuestras ofrendas y para existir gracias a las energías de nuestra Fe; a cambio ellos han creado La naturaleza para que nosotros los alimentemos y el paraíso donde viviremos como dioses.»

Si hay algo que aprender de los pueblos de tradición, yo haría mención sobre el valor que conceden a la muerte porque es lo que da a la vida un valor mayor.

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Eliphas Levi escribió: «Amar la vida más intensamente de lo que uno teme a las amenazas de la muerte, es merecer la Vida».

Me dirijo a las Sociedades Modernas: ya no vemos la muerte cara a cara, incluso evitamos utilizar la palabra. En lugar de decir»ha muerto» decimos «se ha marchado», «nos ha dejado». «le hemos perdido» y demás frases. Empleamos el término seguro de vida cuando deberíamos utilizar el seguro de muerte, ya que este es su propósito. Velamos a nuestros muertos en la sala funeraria, envueltos en suaves oleadas de música clásica, maquillados para devolvernos el color de la vida y perfumados para disfrazar el olor a la muerte. La muerte es un fenómeno que se oculta; intentamos creer que somos inmortales.

Todo en nuestra sociedad refuerza tal creencia. Por ejemplo, las tarjetas de crédito nos aseguran que aun viviremos al cabo de un mes; ¿Por qué si no se da este plástico el banquero? Comprar un coche a plazos pagaderos a tres años y una casa en treinta, nos proporcionan un crédito de vida por tres, por treinta años; de lo contrario ¿nos daría este crédito el banco? Suscribimos planes de jubilación porque dicen que a los sesenta y cinco años nos reintegraran el dinero invertido. Confiamos algún día en recuperar la infancia perdida, pero vivimos pendientes de cómo viviremos mañana, del próximo fin de semana, las vacaciones, del aumento de sueldo, y así Etc… Y al morir, gritamos en silencio la vida es demasiado corta.

Quizás mientras estamos vivos, no sepamos que nos espera después de la muerte; tan solo nos queda especular, por tanto yo os recomiendo vivir la vida de manera que, si hay algo después de la muerte, nuestras almas formen parte de este estado de transformación, sea cual será. Es decir, elegir vivir la vida en plenitud de amor y de pasión, ya que es un deber de persona viva; elije recordar lo que sois y la capacidad que podáis tener para efectuar este cambio, sería terrible no intentarlo; elegir que sois vuestro propio yo, vuestra religión sea la que sea que profeséis, ha de ser el amor que incluye el respeto, la conmiseración y la comprensión, amor a mi pareja, por vuestros hijos, familia y la gente que os rodea; y aceptar que vuestra libertad termina donde empieza la de los demás.

Palabras Sabias: creo firmemente que cuando muramos, Dios y la inteligencia Cósmica o Ella solo hará una pregunta:

Te he dado la Vida. ¿Qué has hecho con ella?

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